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Cultivos seguros: las buenas prácticas agrícolas garantizan un suministro de alimentos seguro y sostenible

Corporativo
07.06.2020
Erik Fyrwald. Día Mundial de la Seguridad Alimentaria.

Hoy es el Día Mundial de la Seguridad Alimentaria. Esto es importante por una razón muy simple: cada año, aproximadamente 600 millones de personas en todo el mundo sufren enfermedades o intoxicaciones de origen alimentario, mientras que unos 3 millones de personas fallecen por enfermedades contraídas por el consumo de agua o alimentos no seguros. Estas cifras anuales se cobran víctimas en cada rincón del planeta, aunque el peor impacto se observa en regiones como el África subsahariana y el sudeste asiático, donde existe un menor acceso a la refrigeración y otras tecnologías modernas para la preservación de los alimentos. Si bien desde la década de 1980 se han logrado grandes avances en algunas regiones, el problema sigue siendo enorme y urgente.

Los peligros en el suministro de los alimentos pueden estar presentes en cualquiera de las etapas del proceso que los lleva del campo a la mesa. Muchos de estos peligros se relacionan con la preparación de los alimentos, y cada cocinero debe tomar todas las precauciones necesarias para hacer de su cocina un lugar seguro y limpio. Se sabe menos sobre las medidas que se pueden tomar para garantizar la seguridad de los alimentos en etapas previas del proceso, empezando en los lugares donde se producen. Un suministro de alimentos seguro comienza con prácticas agrícolas contrastadas científicamente que incluyen la protección de los cultivos para evitar que se contaminen con microorganismos patógenos y posibles toxinas.

Los ingenieros agrónomos cumplen un rol crucial
En las últimas décadas, gracias a la investigación realizada en el campo de la agronomía y el desarrollo de una amplia variedad de productos para la protección de cultivos, los agricultores han podido acceder a un conjunto de herramientas especialmente diseñadas para la producción de cultivos seguros y saludables. Por ejemplo, el Fusarium es un hongo muy común en el maíz, el trigo y la cebada, y que puede producir micotoxinas mortales (para humanos y animales). En la actualidad, se utilizan fungicidas de amplio espectro recientemente desarrollados para evitar la propagación de este hongo en dichos cultivos. Estos agentes cumplen un rol activo en la protección de la salud de los consumidores y evitan la pérdida que implica tener que destruir los granos infectados.

En el pasado, los insecticidas, herbicidas y fungicidas eran vistos como amenazas para la seguridad de los alimentos y el agua. Pero la innovación en los productos para la protección de cultivos ha avanzado mucho desde 1962, cuando Rachel Carson señaló el riesgo que planteaban en su influyente libro Silent Spring. Hoy en día, los productos de sanidad vegetal para la protección de cultivos se desarrollan pensando tanto en la salud humana como en el medioambiente. Durante los últimos 60 años, estos agentes se han vuelto más específicos aplicándose a las dosis exactas para su seguridad y eficacia. Desde la década de 1950, el sector agricola ha logrado una notable disminución del 95 % en la tasa media de aplicación de principios activos por hectárea. Al mismo tiempo, las múltiples innovaciones han más que triplicado el rendimiento de los cultivos en las tierras cultivables. Estas medidas para procurar que los alimentos sean más seguros para todos se han reforzado con el Codex Alimentarius, el sistema abierto y transparente de normas internacionales creado en 1963 para proteger la salud de los consumidores y promover las prácticas equitativas en el comercio de alimentos.

Un profundo respeto por la salud y el medioambiente
La realidad es que muchos de los productos para la protección de cultivos que se utilizan en la actualidad se obtienen de fuentes naturales o se han utilizado[MLE1]  de forma eficaz e intensiva durante años, por lo cual se consideran tradicionales. Esto significa que son de uso habitual en explotaciones agrícolas que se especializan en el cultivo de productos orgánicos. En la actualidad, los agricultores de todo el mundo, orgánicos o no, dependen de una gama de principios activos para que sus explotaciones sean más productivas y sus cultivos más seguros para el consumo.

Quienes trabajamos en el campo de las ciencias agrarias sabemos muy bien que estos avances no son siempre apreciados por aquellos que quieren desterrar los insecticidas y fungicidas del sistema alimentario global. Desde cierto punto de vista, estoy de acuerdo con ellos. Pero he visto por mí mismo la destrucción causada por las plagas y el impacto de los cultivos perdidos en los agricultores y sus familias. La devastación que han producido las plagas de langostas este año en África y Asia es solo un ejemplo.

Abordando el desafío del cambio climático
La necesidad de productos efectivos para la protección de los cultivos ha crecido a paso firme, ya que el aumento de la temperatura global ha ampliado el radio de acción de muchas de plagas y pestes. Este último verano, en los Países Bajos, un agricultor me comentó que en su campo había un insecto que nunca había visto. Nuestro equipo técnico lo investigó y descubrió que esa insecto es una plaga muy común en Brasil y que se había convertido en un problema en los climas nórdicos como resultado de los inviernos más cálidos en el hemisferio norte. Una de nuestras metas como industria es ofrecer a los agricultores los mejores y más seguros medios para mantener a raya amenazas como estas.

Si los observamos a escala macroscópica, los avances agronómicos representan claramente una parte importante de la solución al cambio climático. Los últimos productos para la protección de cultivos abordan directamente el cambio climático, ya que permiten a los agricultores producir más alimentos por unidad de superficie que nunca antes en la historia de la agricultura. Esto es fundamental para que podamos frenar la expansión de la actividad humana en regiones como la selva amazónica, un preciado recurso natural que sirve a un propósito común más elevado que funcionar como un campo de maíz, como lo es la absorción del carbono y la preservación de la biodiversidad.

Garantizar la seguridad de los alimentos que comemos es uno de los muchos objetivos sociales y medioambientales que perseguimos en Syngenta y en nuestras futuras empresas hermanas ADAMA y Sinochem Agriculture. Estoy muy orgulloso de nuestra gente por haber creado soluciones para la protección de cultivos que contribuyen a alimentar a la humanidad con seguridad y, al mismo tiempo, protegen el medioambiente. Hemos avanzado, pero debemos tomarnos unos minutos en este Día Mundial de la Seguridad Alimentaria para fortalecer nuestra determinación. Aún más ante esta pandemia global y la infinidad de desafíos que enfrentamos, debemos seguir avanzando en nuestros esfuerzos para salvaguardar a las personas y al planeta.

Erik Fyrwald.

 

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Acerca de Syngenta

Syngenta es una empresa líder de agricultora que ayuda a mejorar la seguridad alimentaria mundial permitiendo a millones de agricultores que utilicen mejor los recursos disponibles. Mediante soluciones de cultivos de ciencia a nivel mundial e innovadoras, nuestros 28.000 empleados en 90 países están trabajando para transformar la forma en la que se siembran los cultivos. Nos comprometemos con el rescate de la tierra frente a la degradación, la mejora de la biodiversidad y la revitalización de las comunidades rurales. Para obtener más información visite www.syngenta.com y www.goodgrowthplan.com.

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